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La otra cara de la educación en Pamplona.

Actualizado: 12 nov 2022



"Mi escuela soñada es así, al aire libre con el medioambiente, con profesores de arte, música y que nos enseñen muchas formas más de estudio"

Kevin, estudiante de la Sede Escolar Negavita.


Para ampliar la información escucha nuestro podcast.


La deserción escolar en la zona rural no para de aumentar, pues las pésimas condiciones infraestructurales y el poco acceso a recursos básicos, impide una educación completa y de calidad. En las veredas de Pamplona, Norte de Santander, las maestras pelean contra esta deserción.


Salón de clases escuela rural Negavita. Fotografía: Julieth Jaimes

Hace más de 100 años fue fundada la Escuela Rural Negavita, donde se han educado las personas de esta pequeña localidad. Ana Sierra, una docente llena de pasión por educar, pisó esas instalaciones hace casi 30 años, y desde entonces, ha peleado con uñas y dientes por darle un lugar de estudio digno a sus estudiantes.



Para esos años, solo había un aula, con ventanas de madera, techos de paja desgastados y pupitres tan viejos e insuficientes que los niños tenían que sentarse sobre ladrillos para poder escribir. Todo a punto de caerse a pedazos y en las condiciones más precarias posibles.

“Yo me senté en una piedra aquí afuera y me puse a llorar de pensar cómo esos niños podían estudiar en una situación así”,

cuenta la profe Ana con un tono nostálgico al recordar aquel momento. Y aunque han pasado casi tres décadas, la situación no ha cambiado mucho y esto es un panorama que se vive a nivel nacional.


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Para ver el fotorreportaje haz clic sobre la imagen.

Son 42 los niños que a diario asisten a esta escuela, incómodos por la falta de espacio, pues tan solo hay dos salones; uno para primaria, otro para postprimaria y un aula de informática, que carece de material tecnológico, pues cuentan con computadores y pantallas que ya no funcionan. Las paredes de los salones siguen siendo las mismas de piedra pisada, hay grietas y algunos techos son sostenidos por piedras y ladrillos. Hace 22 años fue construida una pequeña cancha de fútbol, y hoy en día, está tan deteriorada y con tantos huecos, que se hace casi imposible jugar en ella.



Las instalaciones son inseguras para los niños y jóvenes del centro educativo, las entradas de la escuela son peñascos tapados por la hierba. Sin hablar de las rutas a las que los niños deben enfrentarse, que con la lluvia se vuelven casi imposibles de transitar.


Infraestructura de los baños de la escuela. Fotografía: Julieth Jaimes.

En todos estos años, han sido muy pocas las ayudas que el gobierno ha dado a esta institución. Sin olvidar que tras la pandemia las instalaciones quedaron prácticamente en ruinas, y fue gra cias al proyecto ambiental liderado por las docentes Ana Jaimes y Liliana Mendoza, que entidades públicas y privadas, ONGs como Humanitos e incluso la Universidad de Pamplona, se vincularon para realizar mejoras infraestructurales, sin embargo no han sido suficientes y siguen existiendo falencias que impiden el desarrollo integral de la educación para estos niños que anhelan una mejores condiciones para recibir su educación.




Escrito por: Julieth Jaimes y Miguel Pineda.


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